Segunda Guerra Mundial |
Enero 10 a marzo 10 de 1942 LA CAIDA DE LAS INDIAS HOLANDESAS El avance japonés hacía el Sur fue aún más rápido de lo que había previsto el Mando Imperial de Tokio; ahora los nipones estaban preparados para ocupar las Indias holandesas, abundantes en materias primas, tan indispensables para la economía de guerra del Japón. Al amanecer del día 10 de enero de 1942 la situación en las Indias holandesas no se presentaba nada prometedora. El avance de los japoneses hacia el Sur había sido muy rápido, más rápido incluso de los que había previsto el Mando Imperial de Tokio, y no cabía la menor duda de que cuando Borneo septentrional británico, Davao y Joló cayeran en manos japonesas el próximo objetivo sería aquel archipiélago del imperio colonial holandés, donde se encontraban las valiosísimas materias primas (especialmente petróleo) tan necesarias para que Japón pudiera proseguir la guerra. El plan Japonés preveía un triple ataque contra las Indias holandesas: El día 10 de enero, el general sir Archibald Wavell llegó a Java, y los Aliados instituyeron entonces su primer mando combinado en el Pacífico. En el transcurso de una conferencia celebrada por la tarde en Batavia, se examinó la situación general en el Pacífico sudoccidental y se constituyó la organización inicial del mando ABDA (Américan, British, Dutch, Australian; americano, británico, holandés y australiano). El general Wavell asumió el mando supremo; el admirante T.C. Hart (de la Marina estadounidense) el de las fuerzas navales (flota ABDA); el teniente general H.ter Poorten (holandés) asumía el mando de las fuerzas de tierra (Ejército ABDA), y el mayor general L.H. Brereton (Estados Unidos) ostentaría el mando de las fuerzas aéreas (Aviación ABDA). Desde el punto de vista holandés, el hecho de que se hubiese nombrado tan sólo a uno de sus jefes para fomentar parte del ABDA era una desilusión. Las indias holandesas eran sin duda el más rico y más importante, desde el punto de vista estratégico, todos los territorios de la zona del ABDA; además, los holandeses conocían aquellos mares suyos mucho mejor que sus aliados, y no obstante no se confió a ninguno de sus oficiales el mando superior de las fuerzas navales. Un cambio importante ordenado por el ABDA fue disponer que la Aviación naval holandesa, que tenía sus bases en la costa, pasara al mando de la Aviación; de este modo la Marina perdía sus «ojos», y se perdía también el valioso adiestramiento de cooperación entre buques y aviones, llevado a cabo en tiempos de paz. A mediodía del 15 de enero, el mando del ABDA entró oficialmente en funciones en Batavia, con el cometido estratégico general de mantener la barrera malaya a lo largo de la línea Malasia-Sumatra-Java-Islas menores de la Sonda-Australia. El 18 del mismo mes el puesto de mando se trasladó a Lemberg, cerca del Bandung, donde estaba más protegido de los ataques aéreos y navales, y algunos días después también la Aviación ABDA se traslado a Bandung, cambio motivado por la escasez de alojamiento. El 24 de enero, a petición del general Wavell, se amplió la circunscripción del ABDA, para incluir en ella Port Darwin y la costa noroccidental de Australia, con el fin de impedir posibles desembarcos japoneses que les permitieran establecer una base aérea. inicio Los primeros síntomas de la esperada invasión japonesa se habían producido el 7 de enero, cuando dos de las fuerzas de invasión niponas partieron de Davao. La fuerza oriental atacaría Manado, mientras que la central se movería hacia Tarakan, después de una sistemática preparación a base de bombardeos que duraban desde la víspera de Navidad. El día 10 de enero, los aviones holandeses con base en Tarakan avistaron 16 buques de transporte con su correspondiente escolta, de los que más tarde se supo que constituían la fuerza central. En las primeras horas de las mañana del día 11 de enero los japoneses desembarcaron en tres puntos distintos y después de un día y medio de duros combates, en los que defensores sufrieron graves pérdidas, alcanzaron y ocuparon sus objetivos principales: el aeropuerto y los yacimientos petrolíferos. Mientras tanto, antes de medianoche del 10 de enero, la fuerza oriental había alcanzado la parte nororiental de las Célebres, y antes del amanecer los japoneses desembarcaron en cinco puntos. Aviones holandeses, americanos y australianos atacaron a la escuadra de invasión frente a Kema; pero, a excepción de la pérdida de una Catalina holandés, los resultados del combate fueron insignificantes. Durante los dos días que siguieron, los japoneses desembarcaron tropas especiales de Marina aerotransportadas al sur del lago Tondano, en las proximidades del aeródromo de Langoan. Manado cayó muy pronto, y el 13 de enero todas las posiciones clave en torno a Tarakan y a Manado estaban ya en manos de niponas. Entonces los japoneses prepararon la acción siguiente, es decir, el avance de la fuerza oriental sobre Kendari y el de la fuerza central sobre Balikpapan, que, al igual que Tarakan, tenía una importancia vital por el petróleo y las minas de carbón situadas más al Norte. El 21 de enero las fuerzas japonesas dejaron Tarakan, y aquella misma tarde sus buques se detuvieron cerca de Balikpapan. Había perdido uno de los navíos de la escuadra, el Nana Maru, hundido durante el viaje hacia el Sur por bombarderos Glenn Martín de la Aviación estadounidense; y antes de medianoche perdieron otro, que fue torpedeado, mientras estaba fondeado, por el submarino K-18. Aquella misma noche, la Marina de los Estados Unidos atacó a los buques japoneses en su fondeadero; para ello se emplearon cuatro destructores anticuados, de cuatro chimeneas, el John D. Ford, el Pope, el Parrott y el Paul Jones. Las llamas del incendio de las instalaciones petrolíferas de Balikpapn ayudaron a los destructores a acercarse a gran velocidad al fondeadero: los buques japoneses, destacando claramente sobre el horizonte iluminado por las llamas, constituían un objetivo muy visible. Entre las tres y las cuatro, en el primer combate de superficie que buques de guerra americanos libraban desde el año 1898, los destructores hundieron tres buques de transporte y averiaron una unidad de patrulla. Sin embargo, a pesar de este modesto éxito inicial aliado, el avance japonés no se retrasó ni un día. Entre las 3 y las 6:30 del 24 de enero los japoneses desembarcaron sus tropas en dos puntos y muy pronto el comandante de la guarnición de Balikpapan recibió, del mando de Bandung, la autorización para retirarla. Al mismo tiempo, la fuerza oriental había avanzado a idéntico ritmo que la central; sus tropas embarcaron, según los planes preestablecidos, el día 21 de enero en la isla de Banka, al norte de las Célebes, partiendo en seis buques de transporte en dirección a Kendari. Esta ciudad ya había llamado la atención de los japoneses en 1940, cuando a unos 10 km al oeste de la misma se construyó un aeródromo, el mejor de las Indias holandesas. La fuerza de invasión fondeó el día 24 de enero, a las tres de la madrugada, aproximadamente, y las tropas desembarcaron al amanecer. Encontraron muy poca resistencia, y aquel mismo día ocuparon el aeródromo. Desde Kendari, el sector oriental de Java ya dentro del radio de acción de los bombarderos nipones. El siguiente objetivo establecido por los japoneses era Ambon, defendida por fuerzas Australianas y por unidades del ejército holandés de las Indias occidentales. Antes de la invasión, también se sometió a esta isla al acostumbrado bombardeo de preparación para el desembarco. El 16 de enero, cuatro escuadrones, de ocho bombarderos y cuatro cazas cada uno, aparecieron sobre la isla y causaron daños en la base de hidroaviones, situada en Halong, donde había aparatos holandeses, australianos y americanos. Los Catalina holandeses y americanos tuvieron que retirarse a Surabaja. Después, el 24 de enero, mientras fuerzas japonesas estaban desembarcando en Kendari, aviones despegados de los portaaviones Soryu y Hiryu, en su primera misión después del ataque a Pearl Harbor, bombardearon Ambon. Al día siguiente, nueve bombarderos japoneses destruyeron los hangares y los depósitos de carburante del aeropuerto de La-Ha y, el día 26, cuando fueron averiados unos cuatro aviones más durante otra incursión, las autoridades decidieron retirar los que aún se hallaban operativos.inicio Las fuerzas japonesas destinadas a la invasión de Ambon embarcaron en Davao el 27 de enero y fondearon tres días después frente a las costa septentrional y meridional de la isla. Los invasores atacaron en el transcurso de la mañana del 31 de enero, encontrando muy poca resistencia, y conquistaron la ciudad de Ambon al atardecer del mismo día. A partir de entonces, los japoneses consiguieron éxitos diarios, casi con monótona regularidad: el día 1 de febrero obligaron a rendirse a tropas australianas que defendía una batería costera; el 2 ocuparon el aeropuerto de La-ha, y al día siguiente la isla estaba ya casi completamente en manos japonesas. La única excepción era una bolsa de resistencia en la parte norte de la misma, donde dos pequeñas unidades de infantería efectuaron durante cuatro días intensas operaciones de guerrilla, hasta que, por último, también se las obligó a rendirse. Las pérdidas sufridas por los japoneses durante la invasión de la isla se limitaron a un dragaminas hundido y otros dos averiados mientras cruzaban un campo de minas en la bahía de Ambon. El 5 de febrero, los japoneses comenzaron a trasladar sus propios aviones a Ambon, extendiendo todavía más este modo el área en que podían ejercer su superioridad aérea. La fuerza central, que había ocupado ya Balikpapan, estaba conquistando en aquellos momento a el aeropuerto de Ulin, a unos 25 km al sudeste de Bandjarmasin y cuya posición era mucho mejor para emprender una acción aérea contra Java. Recordando las pérdidas sufridas por su escuadra en la invasión de Balikpapan, los japoneses previeron pérdidas aún mayores para la conquista de Bandjarmasin, pues estaba más cerca de los aeropuertos holandeses de Java. En consecuencia, decidieron que el grueso de sus fuerzas procedería contra Bandjarmasin por tierra, protegido por la oscuridad, mientras otras fuerzas anfibias se desplazarían a lo largo de la costa, en medios de desembarco, y pondrían pie a tierra en un punto situado a 80 km al S-SE de Bandjarmasin. Esta fuerza salió de Balikpapan el 27 de enero, seguida tres días después por otros buques que transportaban las tropas destinadas al ataque terrestre y que desembarcaron en Tanahgrogot. Y mediante una acción efectuada en estrecha cooperación entre las fuerzas terrestres y las anfibias, tanto Bandjarmasin como el aeropuerto de Ulin fueron conquistados por los japoneses antes del 10 de febrero. La última conquista nipona antes de llegar a la barrera malaya fue la posición de Macasar. El día 3 de febrero, los Aliados constituyeron una fuerza de asalto combinada, al mando del contralmirante K.M. Doorman cuya insignia ondeaba en el crucero De Ruyter, con el fin de atacar a los buques japoneses en el estrecho de Macasar. Esta acción formaba parte del plan general de hostigamiento de los buques japoneses, siempre que fuera posible, con el empleo de patrullas antisubmarinas, bombardeos de buques y bases navales e incursiones de submarinos en todas las ocasiones en que lo permitiera su cometido principal, que era el de escoltar los convoyes hasta Singapur. El 4 de febrero, esta fuerza de asalto de combinada se dirigió hacia el estrecho de Macasar; pero fue bombardeada cerca de Kangean por 27 aviones japoneses, que averiaron ligeramente el De Ruyter y obligaron a los dos cruceros que formaban parte de la formación a refugiarse en Tjilatjap para efectuar unas reparaciones. Entonces el proyecto de defender Macasar mediante una operación naval se abandonó inmediatamente. El 6 de febrero las fuerzas de invasión salieron de Kendari, y dos días después, a medianoche, fondearon al sur de Macasar; por el camino sufrieron la pérdida de un destructor, que fue atacado y hundido por el submarino americano S-37. Las tropas desembarcaron el 9 de febrero, y el mismo día, también esta vez encontrando muy poca resistencia, ocuparon Macasar. Una vez más, las fuerzas holandesas de la defensa se retiraron hacia el interior y empezaron a desarrollar acciones de guerrilla. Mientras tanto, la fuerza occidental se preparaba para el avance en el archipiélago Occidental. Después de la caída de Balikpapan, únicamente les quedaba a los Aliados un yacimiento petrolífero, el de Palembang, situado en la costa oriental de Sumatra, donde se había hecho todo lo posible para incrementar la producción de petróleo y establecer organizaciones de tipo defensivo contra los japoneses.inicio El 27 de enero desembarcaron en territorio colonial holandés, en Pamanglat (Borneo), las primeras tropas japonesas de la fuerza occidental, y dos días después ocuparon Pontianak y el aeropuerto Singkawang II. El 11 de febrero, el grueso de la fuerza nipona salió de la Bahía de Cam Ranh, y el 14 del mismo mes, a las 8,30 horas, los japoneses, atacando por primera vez la barrera malaya, lanzaron 700 paracaidistas en tres puntos distintos, cerca de Palembang. El mismo día, las fuerzas de la vanguardia desembarcaban en Banka y conquistaron, sin encontrar resistencia, el aeropuerto de Muntok. Al amanecer, una parte de sus fuerzas se dirigió hacia Palembang, remontando el río Musi desde la desembocadura. Las dos escuadras de invasión habían sido avistadas por submarinos y aviones aliados. En vista de ello, el mando de la Flota ABDA ordenó a la fuerza de asalto combinada que se reuniera en Oosthaven el día 13 de febrero, y que luego saliera hacia el Norte, a las 16 horas del día siguiente, y atacara a todas las fuerzas japonesas que hubieran penetrado en el mar de la China Meridional y cuya presencia se hubiera señalado frente a la costa oriental de Banka o de la costa occidental de Billiton. La fuerza de asalto combinada debía navegar por el estrecho de Gaspar, a lo largo de la costa septentrional de Banka, para volver después a Tandjung Periuk a través del estrecho de Banka. Pero sus intentos de interceptar las escuadras de invasión japonesa no consiguieron el resultado que se esperaba. En las primeras horas del 15 de febrero, el destructor holandés Van Ghent encalló y tuvo que ser hundido. Después, a las 9:20, un avión procedente de un portaaviones japonés avistó a los demás navíos de la fuerza de asalto y dos horas y media más tarde se desencadenó el ataque nipón. Como todos los aviones aliados disponibles estaban empeñados en la defensa de Palembang, era imposible prestar el menor apoyo aéreo a la escuadra aliada, y por ello, a las 13:20 horas, el almirante Doorman decidió retroceder. La fuerza sufrió cinco ataques aéreos durante cuatro horas; pero, afortunadamente, no se perdió ningún barco. Sin embargo –y eso era lo más importante- los japoneses habían conseguido hacer fracasar el plan con el que los Aliados pensaban interceptar su escuadra de invasión. Esta última remontó el río Musi en el transcurso de la tarde del 16 de febrero. Pocas horas después, las tropas japonesas de vanguardia ocupaban Palembang, y en esta ocasión, aleccionados por la experiencia de Tarakan y Balikpapan, los japoneses consiguieron impedir la destrucción de algunas refinerías. En todas las Indias orientales la situación iba empeorando rápidamente para los Aliados. El 15 de febrero –el llamado «domingo negro»- Singapur había capitulado, y el general Wavell se vio obligado a anunciar a los jefes de Estado Mayor combinado que la barrera malaya ya no se podía defender sin recibir refuerzos considerables, los cuales, evidentemente, no se podrían obtener, ya que el teatro de operaciones europeo tenía aún prioridad sobre los demás frentes. El 22 de febrero llegó la orden de disolver el mando del ABDA, y tres días después se constituyo otra organización. La defensa de las Indias Holandesas parecía –y en realidad lo era- un cometido enorme y casi imposible de realizar; pero se decidió llevarlos a cabo por razones de política interna y continuar así hasta el final inevitable. Después de la toma de Ambon, la fuerza oriental japonesa escogió como objetivo la isla de Timor. Tras cinco días de preparación a base de intensos bombardeos, las tropas japonesas embarcaron en Ambon el 17 de febrero. Poco antes de desembarcar, los nipones tomaron la precaución de proteger su flanco izquierdo, utilizando para ello todos los aviones disponibles en su nueva base de Kendari para bombardear Port Darwin, y asimismo apoyaron sus operaciones con aparatos de los cuatro portaaviones que navegaban a 220 millas al noroeste del puerto. El 20 de febrero, los japoneses, de acuerdo con los planes previstos, desembarcaron en Dili y al sur de Kupang, que ocuparon el mismo día. Simultáneamente lanzaron 307 paracaidistas cerca del aeropuerto de Penfui, efectuándose otros lanzamientos al día siguiente.inicio El ataque y la defensa se desarrollaron como en los casos anteriores. La resistencia, puramente formal, fue mucho más débil en Dili; pero los defensores se retiraron al interior y durante casi un año llevaron a cabo, con notable éxito, acciones de guerrilla contra los japoneses. Las fuerzas destinadas a la conquista del siguiente objetivo japonés en las Indias orientales, Bali, habían salido ya del golfo de Lingayen el 5 de febrero y llegaron a Manado, pasando por Joló, el 15 de dicho mes. El 18 salieron hacia la costa oriental de Bali a bordo de dos buques de transporte, fondearon, según lo previsto, cerca de Sanur, sin encontrar resistencia alguna; la tarde del 19 de febrero conquistaron al fin el aeródromo de Denpasar. La única resistencia de alguna importancia que opusieron los Aliados en Bali fue un ataque de la fuerza de asalto combinada contra la escuadra de invasión japonesa. Un grupo de esta fuerza tenía órdenes de reunirse en Tjilatjap y lanzar el primer ataque a las 21:30 horas del 19 de febrero, aproximadamente; un segundo grupo saldría de Surabaja y atacaría unas cuatro horas después, y un tercero, constituido por lanchas torpederas, les seguiría. El primer grupo, formado por los cruceros De Ruyter y Java y por los destructores Piet Hein, Ford y Pope, con los cruceros navegando bastante adelantados respecto a los destructores, lanzó el ataque según los planes preestablecidos. A las 22:30 horas el Java abrió el fuego, sorprendiendo totalmente a los japoneses y alcanzando varias veces un destructor enemigo; pero cuando llegaron los destructores aliados los japoneses ya se habían recuperado de la sorpresa y los acogieron con un nutrido fuego. El Piet Hein fue alcanzado en la sala de calderas e, inmovilizado, se transformó en un blanco fácil para dos destructores japoneses, que lo alcanzaron con uno o tal vez más torpedos, hundiéndolo. El Ford y el Pope, que se habían quedado solos, lanzaron a su vez sus torpedos, pero cinco minutos después abandonaron el combate sin obtener resultado alguno. El segundo grupo estaba formado por los destructores norteamericanos Stewart, Parrott, Edwards y Pillsburry, que navegaban en línea seguidos por el crucero ligero holandés Tromp. A la 1:30 horas del 20 de febrero se avistaron a babor los primeros buques japoneses y los destructores americanos atacaron rápidamente. En la acción que siguió, el Stewart fue alcanzado en la popa por un proyectil, que inutilizo el dispositivo de mando del timón, mientras el Tromp, que llegó y atacó a su derecha, recibió once cañonazos que averiaron el puente y la torreta de la central de tiro. Uno de los destructores japoneses quedó gravemente averiado por los torpedos. Una vez se hubo retirado el segundo grupo de asalto, hacia el Norte, llegaron las lanchas torpederas en dos grupos de cuatro. El primer grupo descubrió un objetivo y atacó; pero no pudo lanzar torpedos. El segundo grupo no avistó nada. Y así acabó la batalla del estrecho de Lombok. Sus resultados fueron, una vez más, decepcionantes para los Aliados: la acción les había costado la pérdida de un destructor y daños en un crucero ligero, mientras que sus éxitos se habían limitado a daños infligidos a dos destructores y a un buque de transporte del enemigo. La invasión nipona continuó a tenor de los planes establecidos, y con la conquista de Bali los japoneses no solamente consiguieron cortar el puente aéreo entre Australia y las Indias holandesas, sino que además se abrieron camino para el ataque a Java. A partir del primer bombardeo de Surabaja, poco después de la ocupación de Kendari, la ciudad había sido dañada gravemente por los ataques aéreos casi diarios y se encontraba en muy mala situación. Los japoneses proyectaban atacar Java por el Este y por el Oeste: la fuerza de expedición oriental desembarcaría cerca de Kragan, mientras el grueso de la fuerza occidental lo haría en la bahía de Batán; grupos menores debían desembarcar en Merak y Eretan Wetan. La fuerza occidental partió el 18 de febrero de la bahía de Cam Ranh, y la oriental zarpó de Joló el 19 para efectuar los desembarcos fijados para el 28 de febrero.inicio El 21 de febrero, el almirante Helfrich (quien, de acuerdo con una decisión tomada por los jefes de Estado Mayor del mando combinado en Washington, había asumido la semana anterior el mando de la Flota ABDA, sucediendo al almirante Hart) dividió la fuerza combinada de asalto en dos grupos: una fuerza de asalto occidental, al mando del comodoro J. A. Collins, de la Royal Australian Navy, con base en Tandjung Periuk, y una fuerza de asalto oriental, al mando del contraalmirante Doorman, con base en Surabaja. Estas fuerzas, debían hacer frente a los respectivos ataques japoneses contra Java. El día 25 de febrero ordenó también que algunos submarinos se situasen, en misión de vigilancia, a lo largo de todas las posibles rutas de acceso que probablemente seguirían las fuerzas japonesas al acercarse a la isla. Aquel mismo día, un avión Catalina holandés avistó la fuerza oriental nipona. Helfrich, convencido de que esta expedición desembarcaría antes de que llegase la fuerza occidental, decidió concentrar sus buques en la zona oriental, y así los cruceros Exeter y Perth, con los destructores Electra, Encounter y Júpiter, navegaron desde Tandjung Periuk hacia Surabaja. Se esperaban también otros refuerzos, como el portaaviones ligero Langley, que se dirigía a Tjilatjap, con 32 cazas Curtis P-40 a bordo; desgraciadamente, el 27 de febrero el Langley fue hundido por los aviones japoneses a 50 millas al sur de Tjilatjap , y en consecuencia los Aliados se vieron otra vez privados de apoyo aéreo. Doorman llevaba ya varias noches navegando con su fuerza oriental frente a la costa norte de Java y Madura y, tras haber conferenciado el día 26 de febrero con sus oficiales, decidió zarpar nuevamente al caer la noche. Pero un reconocimiento realizado a lo largo de costa septentrional de Madura no reveló ninguna novedad, y en vista de ello, por la mañana, la fuerza volvió a Surabaja para proveerse de combustible. Los restantes buques de la fuerza de asalto occidental también llevaron a cabo una acción de patrulla aquella misma noche, en dirección al estrecho de Banka, a consecuencia del informe enviado por un avión de la RAF que decía haber avistado una escuadra de invasión 100 millas al Norte. Pero en este punto no encontraron el menor rastro del enemigo y, después de haber retornado a Tandjung Periuk, recibieron la orden de acudir a Ceilán. Más tarde, a las 14:27 horas del mismo día, Doorman recibió la noticia que esperaba: se había avistado a la flota de invasión. Y sin vacilar ni un momento, ordenó que su fuerza se dirigiera hacia los buques japoneses. Resultó que el objetivo señalado a Doorman era la fuerza de invasión oriental, que estaba constituida por 41 trasportes y una fuerte escolta formada por dos cruceros pesado, dos cruceros ligeros y 14 destructores. Desde el punto de vista numérico, las fuerzas japonesas eran un poco superiores a las aliadas; pero en todo los demás aspectos su superioridad era aplastante: en efecto, el sistema de enlace de Doorman era insuficiente, no contaba con aviones de reconocimiento, sus tripulaciones estaban cansadas y sus buques jamás habían operado juntos con anterioridad. Además, los japoneses poseían un arma nueva de la que los Aliados no sabían nada: el torpedo tipo «93», de 60,9 cm, que empleaba como propulsor oxígeno liquido y que tenía un radio de acción excepcional, pues alcanzaba un blanco situado a una distancia de 40 km a una velocidad de 36 nudos. A las 16:20 horas, el Electra, que avanzaba en vanguardia, señaló: «Un crucero y un número impreciso de destructores pesados; rumbo del avistamiento 330°, velocidad 28 nudos, ruta 220°». Por fin se había localizado a los japoneses. Cuatro minutos después otros dos cruceros nipones aparecieron en el horizonte y abrieron fuego desde 27.000 m de distancia. El primer crucero avistado, el Jintsu, atacó al Electra y junto con sus destructores procuró colocarse en posición favorable para el lanzamiento de los torpedos. Doorman, frente al peligro de que los japoneses cortasen el brazo central de su formación en T, cambió la ruta 20° a babor. Entonces, la distancia se redujo lo suficiente para que los cruceros ligeros aliados pudieran abrir fuego; pero, gracias a su superior velocidad, los destructores japoneses volvieron a situarse en la posición más favorable, y Doorman se vio obligado de nuevo a virar a babor. Poco después, se produjo el esperado y temido ataque de torpedos, en el que intervinieron otros tres cruceros japoneses. inicio Mientras Doorman se esforzaba en hacer frente en Jintsu, los otros cruceros ligeros aliados llegaron, por fin, a la distancia correspondiente al alcance de sus cañones y enseguida abrieron el fuego contra los navíos japoneses; el duelo de artillería prosiguió con ininterrumpida intensidad. Los dos cruceros De Ruyter, Exeter y Houston fueron alcanzados, aunque, sin sufrir daños graves; se pudo observar que también algunos de los buques japoneses habían sido alcanzados, pero asimismo los daños que se les causaron eran insignificantes. Pero, más tarde, a las 17:08 horas, el Exeter recibió lleno el primer impacto de importancia: un proyectil de 203 mm que destruyó seis de sus ocho calderas. Perdiendo rápidamente velocidad, el buque se fue de bada y salió de la formación; y entonces, los navíos que le seguían, creyendo, no se sabe por que extraña razón, que la modificación de la ruta la había ordenado Doorman, alteraron también su rumbo y siguieron en pos del maltrecho Exeter. Y fue en este momento cuando aparecieron los torpedos japoneses de largo alcance: el Kortenaer, alcanzado de lleno, se partió en dos y se hundió. Al ignorar, como ya se ha dicho, la potencia de los nuevos torpedos japoneses, algunos comandantes aliados creyeron que el Kortenaer había sido víctima de un ataque de submarinos, y el Witte de With lanzó incluso algunas cargas de profundidad a su alrededor. Para defender al Exeter, averiado y ahora parcialmente protegido por una cortina de humo lanzada por el Perth, Doorman ordenó a los destructores británicos que contraatacaran; pero se produjo cierta confusión al cumplir la orden, ya que estaban bastante alejados unos de otros. Finalmente, el Encounter y el Electra pasaron el ataque, mas este último encontró su ruta cortada por tres destructores japoneses, que inmediatamente le atacaron en masa y lo hundieron. Como último recurso, Doorman ordenó al Witte de With que escoltase al Exeter hasta la base de Surabaja, y las dos unidades, juntas, lograron escapar de la persecución de dos buques japoneses antes de desaparecer definitivamente del escenario de la batalla. Doorman reagrupó entonces los buques que le quedaban de forma que constituyesen una formación compacta, y cuando los japoneses lanzaron su segundo ataque de torpedos, que esta vez no dieron en el blanco, la fuerza de asalto combinada respondió con un fuego, que alcanzó al buque japonés Asagumo, al que puso fuera de combate durante 40 minutos y obligándolo después a volver a la formación de los buques de transporte. inicio |
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